Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

                               varios-5657-copia.jpg

Hace unos días de paseo por el monte provoqué una situación solo para rememorar otra que me ocurrió hace, más o menos, 3 años. Nada tiene de particular pero seguro a muchos de los laringectomizados nos ha pasado alguna vez. Empezaré por el principio.

Por aquellas fechas, hace tres años, me gustaba pasear por zonas poco frecuentadas, sobre todo por posibles amigos o conocidos. Era muy sencillo de entender, me resultaba muy incómodo encontrarme con alguien a quien tener que saludar y no poder hacerlo como a mí me hubiera gustado. Lo he comentado con alguno y hemos coincidido en que más de una vez evitamos encontrarnos con conocidos para no tener que pasar un mal rato. No es aconsejable pero si de humanos el evitar esos momentos. Unos días estamos peor que otros, todos tenemos buenos y malos días.

Vamos al hecho que quiero contar. Paseaba por uno de esos lugares solitarios, conozco muchos, y me encontré con una pareja de desconocidos que me preguntaron a donde iba a dar el sendero donde nos cruzamos. Yo por entonces apenas si podía decir unas medio-palabras pero les contesté, se lo expliqué, y conseguí hacerme entender. Me llenó de satisfacción. Se lo conté a la logopeda y lo celebramos juntos. ¡Con qué poco nos conformamos a veces! Es como contentar a un niño con una golosina, no es nada pero qué contento se pone. Algo así me ocurrió a mi. Creo que fue la primera vez, después ha habido otras, pero la primera es la que deja huella.

Ahora voy a la anécdota del otro día, a la contra-anécdota se podría decir. Esta vez la provoqué yo. Estaba en la cima de un pequeño monte, el Malmasin, donde coincidimos unos pocos montañeros o paseantes (al menos en mi caso). Yo conozco muy bien la zona y casi todos sus senderos. Pero como hacía tiempo que no hacía esa ruta dudaba sobre a donde se dirigía uno de los senderos. En cualquier otra circunstancia, antes de la operación, no hubiese preguntado, no hacía falta, pero me acordé de la anécdota antes contada y me provoqué a mi mismo el preguntar para demostrarme, no hacía falta por supuesto, que ahora me podía entender perfectamente con cualquier persona. Y como a mi no me iban a preguntar pues lo hice yo. Y no me conformé con eso sino que alargue la conversación con preguntas y comentarios que no necesitaba.

¡Como cambian las cosas, o mejor dicho, como nos cambian las cosas! Ahora ya no evito el encontrarme con nadie. Bueno, no más que cualquiera. Tengo que confesar que a veces abuso de mi laringectomía para evitar hablar con determinadas personas. Se que no está bien, pero para algo práctico tiene que servir.

Aprovecho que me acabo de acordar de otra anécdota para contarla.

Íbamos en familia, 4-6 personas, y una pareja de turistas o similar se nos acercaron para preguntar por una calle. Y me preguntaron a mí. No me manejaba muy bien con el habla y menos en la calle pero les contesté como pude y enseguida acudieron a ayudarme mis acompañantes. Al notar los preguntantes mi problema se deshacían en disculpas por la molestia. “Mira que ir a preguntar justo al que tiene problemas”. Ellos no sabían, y seguro que siguen sin saberlo, que nosotros, los laringectomizados, siempre tendremos que esforzarnos para hablar, pero que nos encanta notar que somos entendidos y comprendidos. Que somos normales aunque a veces parezca que nos dejamos la vida cuando halamos.

 

Tag(s) : #Laringectomía

Compartir este post

Repost 0