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                                        Caminos-y-senderos.jpg

Esta mañana, paseando por un pequeño parque, me encontré en una situación que me hizo recordar lejanas lecciones de un experto en urbanismo ciudadano. Llovía con fuerza acompañada de viento que en aquel punto lejano de un resguardo me hizo buscar el camino más corto para llegar al edificio más cercano. Los caminos marcados estaban a desmano, en cambio había allí mismo un atajo ya marcado por muchos paseantes. Lo crucé y me ayudó a llegar muy pronto al resguardo deseado.

Con la mente libre y despreocupada me vino el recuerdo de la conversación que tuve hace ya bastantes años con el entendido en urbanismo. Estábamos un grupo paseando por el, entonces, recién inaugurado parque junto a mi casa. Comentábamos, creo recordar, lo bien que  nos venía a los vecinos y seguramente sacándole algún defecto, sobre todo los no entendidos. Es lo que suele ocurrir.

Y este experto, no recuerdo exactamente que titulación tenía, nos comentó, entro otras cosas seguramente, que lo mejor a la hora de diseñar un parque o jardín público era hacerlo sin caminos marcados. Recuerdo que a todos nos parecía un tanto extraño, pero enseguida lo comprendimos. Según su teoría era mejor que los usuarios y paseantes fuésemos marcando los caminos o senderes por donde mejor nos pareciese. En principio puede parecer una teoría un tanto anárquica, pero creo que nada más lejos de la realidad.

Yo que suelo pasear por el monte estoy muy acostumbrado a ver senderos y veredas marcadas por los paseantes y a veces por los pastores y ganado correspondiente. Y me he llegado a preguntar quién sería el primero o, más bien, qué instinto desconocido nos lleva a hacer ese camino a tantos desconocidos entre si y totalmente desligados. Porque esos caminos se hacen tras muchas pisadas, cientos y miles de pisadas de personas que siguen la misma ruta sin que nadie lo indique.

Volviendo a la teoría expuesta, no creo que se lleve a la práctica, al menos no de manera habitual. Sin embargo suele ocurrir que en muchos sitios públicos se crean esos senderos esporádicos hechos por las muchas pisadas de los viandantes. Si lo pensamos de manera ligera podemos determinar que simplemente se trata de gamberros e incivilizados. Pero si tantos peatones, cada cual a su aire, somos capaces de ponernos de acuerdo, sin pretenderlo, en usar ese atajo por algo será.

Permitizme colocar aquí el famoso y tan conocido poema de Antonio Machado

 

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Tag(s) : #Naturaleza

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