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Ya en alguna ocasión he comentado sobre el problema de comunicación que tenemos los laringectomizados, los que tenemos poco volumen de voz en general, con los ‘tenientes’ de oído, con los que necesitan ayuda para oír, los que llamamos sordos, a veces con mal genio, porque nos hacen repetir casi todo con mucha frecuencia. Yo también los consideraría colegas, o contracolegas si es que existe esa palabra. Ambos grupos tenemos problemas de comunicación. Y cuando nos juntamos dos o más de ambos grupos los problemas se multiplican.

Viene esto al cuento de que hace unos días quedamos, mi mujer y yo, con unos amigos y, como ocurre casi siempre en estos casos, entramos en un bar a pasar el rato y charlas de lo que sea. A la pregunta de “qué tomamos” contesté, da igual qué, y mi amigo se me quedó mirando con una sonrisa que denotaba su alegría. Enseguida comprendí el porqué, me había oído lo que le había dicho. Pero no se alegraba porque yo lo hubiese dicho más o menos bien o fuerte sino porque él lo había podía oír. Está claro, se ha puesto sonotone hace poco y se sentía feliz porque sin ningún esfuerzo me había oído, a mi, que antes le hacía sufrir porque quería y no podía.

Me vino a la mente una frase de las que repetíamos en la Asociación y que dice más o menos así: “siento paz en mi desdicha que me sientan y no me oigan, pero a mi más me consuela que me oigan y no me sientan” Ellos tendrían que decirla al revés, pero es lo mismo. Lo importante es que cada uno, a nuestra manera, hemos conseguido poder entendernos con mucha más facilidad que hace unos meses. Yo hablando cada vez más claro y fuerte y el escuchando más fuerte y claro. Tanto monta, monta tanto….

Tag(s) : #Laringectomía

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