El 4 de Febrero se celebra el día internacional contra el cáncer, como es bien sabido. Y hablando de este tema he escuchado una noticia, más bien un comentario, en que hablaron de los contradictorios resultados que sobre el cáncer se desarrollan dependiendo de cada país y de su riqueza. Sin querer me he acordado de una novela y película o serie TV titulada “Hombre rico hombre pobre” de hace ya muchos años.
Dijeron datos que por su diferencia se pueden considerar espeluznantes. Algo así como que en las sociedades avanzadas o ricas, más del 90 % de los cánceres de mama, lo ponían como ejemplo, llegan a curarse mientras que en las sociedades pobres no llegan al 50 %. Estas proporciones pueden servir para cualquier otro cáncer, solo cambian los números pero no las diferencias. Son datos cogidos al aire y que podría confirmar o ajustar, pero para lo que voy a comentar no importan gran cosa. Estadísticas…!!!, de las que ya conocemos la fama que tienen de inexactas según para qué.
Me llamó la atención y me ha dado tema para pensar y comentar la facilidad con que tratan un tema tan delicado como es el cáncer y la medicina en general. Y me refiero sobre todo a lo concerniente a los países o sociedades mal llamadas del tercer mundo. Yo sencillamente las llamaría INJUSTAS, así, con mayúsculas.
No quiero entrar en profundidades ni médicas ni sociales. Lo único que quiero comentar es la ligereza con que echamos mano de la estadística para estos temas tan sensibles. Lo referente a los países avanzados puede que los datos sean acertados y cercanos a la realidad. Pero en las sociedades pobres me cuesta entender y comprender de donde los toman. Vamos a ver, en un país como España toda la sociedad tiene acceso a los médicos y a los hospitales. Tantos enfermos sanan tantos mueren. El porcentaje sale muy fácilmente. Pero en las zonas donde el acceso a médicos es muy escaso y a los hospitales es prácticamente nulo, digo yo que a ver de dónde toman los datos.
Me gustaría hacer una reflexión muy sencilla. Los pobres seguramente mueren sin saber siquiera la razón de esos males que les ha llevado a la muerte y los ricos tienen tanto o más medios que en los países avanzados. De hecho seguro que en muchos casos acuden a los llamados turismos sanitarios ante problemas graves. Entonces, ¿quiénes quedan para hacer la estadística? La Organización Mundial de la Salud (OMS) seguro que tiene medios para poder proporcionar estos datos pero no dejan de ser más que estadísticas no realidades.
La falta o dificultad de acceso a la medina y cura del cáncer es un asunto muy importante pero hay otro mucho más importante y radical. Se trata del hambre, los trabajos ímprobos e insalubres, la mala alimentación, la suciedad, etc. etc. que dejan el camino hasta el cáncer muy corto ya que muchas de esas personas se mueren antes de poder desarrollarlo, no les da tiempo. Alguien puede decir que eso es otro modo de cáncer, pero no, a cada cosa hemos de llamar con su nombre.
¿Es el cáncer, algunos cánceres, enfermedades de ricos? Al vivir mejor y alargar la longevidad las posibilidades de cáncer son mucho mayores, tiene su lógica, a más años viviendo más posibilidades de cáncer, pero no me atrevería a decir que sea un mal de ricos. De un modo u otro a todos nos toca. Pero lo que sí es muy cierto es que el hambre es un mal de pobres que les mata más que el cáncer. Nos quejamos muchas veces de los alimentos que tomamos, que si tienen tal o cual sustancias, de que son de viveros o similar, de que si son transgénicos o vienen de no sé qué países, que si provocan cáncer, etc.etc. Pero como dirían mis padres y abuelos: ¡Hambre tendríais que pasar!
No sé si habrá un día internacional del hambre en el mundo, ni me interesa, pero creo que si hubiese habría que poner DÍAS, en mayúscula, y ocupar los 365 del año. ¡Pero qué difícil es conseguir erradicar o ni siquiera mitigar el hambre! Dicen que uno de los negocias más próspero y con mejor futuro es traficar con los alimentos, conseguir grandes extensiones de cultivo, guardarlos hasta provocar hambrunas y venderlos a precios desorbitados cuando llegue el momento. Si eso es verdad y algún día nos afecta a lo mejor el hambre nos inclina a pensar menos en el cáncer.
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