Los que solemos ir de vacaciones siempre al mismo sitio sentimos unas sensaciones especialmente agradables cada vez que llegan las fechas de verano y empezamos a ver y saludar a los que año tras años coincidimos en el mismo lugar. Suele ocurrir en la mayoría de los casos que ni nos vemos ni tenemos noticias de estas personas en todo el largo periodo de Septiembre a Julio. Incluso puede ocurrir, y ocurre, que nos olvidamos de los nombres. A veces ni llegamos a conocerlos.
Casi siempre los encuentros son muy agradables tanto por los encuentros en sí como por que el verano y las vacaciones traen consigo alegría y bienestar. Pero a veces nos topamos con noticias muy poco agradables, incluso desgracias. Y sobre todo cuando uno llega a cierta edad en que los conocidos con los que más relación tenemos suelen ser también mayores, con las consecuencias correspondientes.
Estoy dando estas explicaciones sin saber exactamente porqué, ya que todos sabéis lo que quiero decir y adonde va a terminar esta reflexión. Está claro que de cuando en cuando, y cada vez este ‘cuando’ es más corto, nos encontramos con malas noticias y a veces ni las encontramos, nos las dan otros.
Una de esas personas es Antonio. Hombre simpático, amable, servicial, alegre, chistoso, afectuoso, incluso me atrevería a decir que cariñoso. Y poeta.
Tan solo son dos ruedas las que tiene Para andar por la vida, unos pedales Que han de probar tu fuerza cuando escales, Y un sillín, si el descanso te conviene.Así empieza una poesía dedicada a la bicicleta que me dio hace unos años conociendo mi afición por andar en bici. Antonio seguro que tiene algún defecto, pero ni lo conozco ni lo diría.
Este año ya nos hemos encontrado y saludado de modo rápido y cordial. Justo después de hacerlo otro amigo de temporada me dijo que su mujer había fallecido. Lo sentí de veras, lo siento de veras. La conocía poco pero lo suficiente, no tanto como a Antonio, siempre con una gran sonrisa en sus labios y en sus ojos. Muy cariñosa y amable nos saludábamos y preguntábamos por los hijos, nietos, como se había pasado el año, que tal se presentaba el verano. No sabía mucho más de ella, ni siquiera recuerdo su nombre. Pero la tenía mucho cariño, un cariño que me hará recordarla durante mucho tiempo. Y la echaré de menos sobre todo cada vez que vea a Antonio solo, paseando por la playa o el paseo.
Otros años, incluso este mismo, han faltado otros conocidos de temporada a la cita anual. No todos dejan la misma huella, aunque a algunos no los olvidaré nunca. Pero por alguna razón no escrita he querido escribir sobre este tema aprovechando la desaparición de una persona que quizá simbolice como pocas este, llamemos, fenómeno que año tras años nos une durante unas semanas o meses a personas llegadas de muy diversos sitios y con los que la relación suele ser corta pero a veces muy intensa.
La tristeza que acompaña esta desaparición no deslucirá, eso espero, todo el resto de encantos que tiene el verano y esos encuentros de temporada con personal más o menos conocidas, más o menos queridas pero casi siempre entrañables. Estoy seguro que Antonio no dejará de sonreír ni de hacernos reír.
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