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DEL PIZARRÍN AL TECLADO
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Los tiempos cambian que es una barbaridad" dice don Hilarión en la conocida zarzuela “La verbena de la paloma”. Y es verdad, por eso se me ha ocurrido hablar sobre los distintos instrumentos de escritura que los de nuestra generación hemos utilizado desde los años 50 hasta nuestros días.

Han pasado muchos años y muchas cosas, pero no he olvidado, lo recuerdo muy bien, las pizarras y los pizarrines para escribir y un borrador Pizarrahecho de tela blanca para borrar. Fueron mis primeros instrumentos de escritura. Había que tener mucho cuidado con la pizarra, era de piedra y se rompía con mucha facilidad. Ya existían los lapiceros y cuadernos de papel, pero seguro que eran muy caros para muchos de nosotros. Las primeras letras y números se hacían en las pizarras pequeñas, de mano que hoy se diría. En clase había unas grandes (no se si también eran de piedra o ya se usaban las imitaciones de hoy en día)

El siguiente paso era el lapicero con la correspondiente goma paraPluma y tintero borrar y corregir los múltiples errores. Seguido se empezaba a usar la pluma y el tintero porque lo de la estilográfica venía después, eran caras, solo para mayores. Normalmente eran los  reyes o cumpleaños los encargados de traérnoslas, ¡menudo regalón!

El uso de la pluma y tintero exigía una gran responsabilidad, las manchas de tinta eran de muy difícil limpieza, si es que la tenía.Estilografica Escribir con plumilla se podía convertir en todo un arte, de hecho se enseñaba escribir de muy diversas maneras usando la punta fina, redonda y cuadrada. Los libros de contabilidad, por ejemplo, podrían convertirse en auténticas obras de arte, cada tipo de asiento contable tenía su tipo de letra.    

Con las estilográficas ya era otra cosa. Menudo lujo, ¡cómo presumíamos cuando nos regalaban con una! Como bien es sabido las había, y las hay de muchas categoría, hasta con el plumín de oro. Este tipo de pluma aún hoy en día se utiliza para las grandes ocasiones

El bolígrafo llegó como por arte de magia. Y lo digo así porque así lo recuerdo. “Una pluma que no había que cargar y que no goteaba ni se acababa nunca” (casi). Era un milagro, magia pura. Si será importante el invento que a pesar de todo el progreso aún sigue en plena efectividad y modernidad. Hasta se ha convertido en uno de los regalos más simples y prácticos de bares y  empresas en general. Propaganda económica y efectiva. Enseguida salieron los de dos, tres y hasta diez colores. Todo en uno. También los hay de auténtico lujo, aunque yo creo que nunca han llegado a la categoría de las plumas estilográficas.

Cuando apareció en bolígrafo ya existía la máquina de escribir pero solo estaba al alcance de muy pocos, algunas empresas y oficinas de las administraciones  pero muy pocos particulares. Eran grandes, pesadas y muy caras aunque pronto empezaron a dar su fruto en eficacia y prestigio a la hora de hacer y presentar los escritos. Complementada con los papeles de calco primero y la multicopista después consiguieron hacer mucho más cómodo y efectivo el trabajo en oficinas y otros servicios,  como por ejemplo los apuntes de estudiantes.

Escribir1

Con el tiempo aparecieron las portátiles. Sobre todo las famosas Olivetti, con su estuche bien diseñado y cómodo para poder trasportar como un pequeño maletín. Hubo otras marcas  y modelos, pero las Olivetti fueron las más conocidas. Salvando las distancias se podrían comparar con los portátiles de hoy de día. Yo aún conservo la mía, comprada hacia 1967, y puedo asegurar que está en perfecto estado de uso. Eso si, un poco relegada, que no olvidada, en el trastero, quizá añorando aquellos años en que estaba sobre la mesa siempre a punto, esperando que los dedos de su propietario la diesen vida. Me sirvió de mucho, aún conservo algunos escritos hechos con ella, y aunque hace años que no la uso no la he dejado de añorar por eso la he colocado en lugar preferente en este artículo.

Las máquinas de escribir, sobre todo las pequeñas, las personales, tenían una, podemos decir, caligrafía propia. Cada una se iba adaptando al uso que su dueño hacía de ella y cada tecla hacia su letra distinta según la intensidad del golpe o el desgaste que tuviese. Se solía decir por aquellos años que había dos cosas que nunca deberíamos dejar, la pluma estilográfica y la máquina de escribir. Lo de la pluma nunca me importó, no la usé mucho, pero la máquina solo a los muy amigos se la dejé y poco. 

Llegaron las eléctricas, pero ya  no era lo mismo y duró muy poco su apogeo si es que lo tuvieron. Estas hacían una letra mucho más uniforme, más bonita, pero menos personal.

El siguiente gran paso nos llega con el ordenador, con esos programas perfectos, casi, para poder escribir sin defectos, casi, pero con muy poca personalidad. Todos son iguales. Pero bueno, tampoco hay que llorar por eso, al fin y al cabo la personalidad está más en lo que se escribe que en el medio que usemos.

Tag(s) : #Sociedad
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