Hace dos años, por estas mismas fechas, escribí un artículo sobre D. Miguel de Unamuno con ocasión del 75 aniversario de su muerte en el que, yo creo, ya quedó reflejada mi admiración y seguimiento por este gran pensador y profesor. Sobre todo profesor a pesar de que las circunstancias políticas y sociales del momento, sobre todo, no le dejaron ejercer como tal a su gusto. Él por encima de todo era filósofo y sin embargo tuvo que ejercer de profesor de griego. Pero no es este el tema sobre el que quiero hablar, quizá otro día…
La excusa para hablar de Unamuno está en que hace unos días estuve pasando unos días en Fuerteventura y pasé por ‘su casa’ en esta maravillosa isla. No es una isla que tenga grandes cosas para ver quizá porque todas lo son. Y una de esas cosas grandes es el bonito recuerdo que de Unamuno conservan, nada menos que la casa, Hotel en su tiempo, donde vivió durante su estancia, exilio, es la isla. Hay mucho escrito al respecto, él mismo escribió una novela, por lo que no voy a relatar lo que cualquiera puede encontrar con solo buscar durante unos pocos minutos, y mejor explicado que lo hubiera hecho yo.
Lo único que pretendo con este artículo es ‘provocar’ un recuerdo para quien vivió buena parte de su vida pensando en que la muerte no se llevase todo rastro de su vida después de dejar de creer en ‘el más allá’ de los cristianos. No será mucha la ayuda, pero de paso quedo satisfecho por el placer de escribir sobre el profesor.
Para el viaje, esas horas en avión sobre todo, me llevé un viejo libro, viejo en todos los sentidos, ¿de quién va a ser? de Unamuno. Es una antología de artículos y relatos cortos que yo tengo desde 1971 y que desempolvé para esta ocasión como la mejor manera de entrar situación a la vez que recordar viejas y nuevas enseñanzas. El los escribió en los años 1917-1919.
Durante la visita a la casa estuve hablando un rato con la señora encarga de su cuidado y me permití comentarla el mucho cariño, respeto y sobre todo admiración por mi parte hacia Unamuno. Y no pude por menos de comentarle que en buena parte mi manera de pensar se lo debo a este grandísimo profesor. Para bien o para mal, no lo sé. Cuando compré y leí el citado libro yo tenía 23 años y creo recordar que fue uno de los últimos que pasaron por mis manos y sobre todo por mí cabeza. Quiero decir con esto que en plena juventud ya te tenia asimilado todo lo escrito por D. Miguel. Y algo más, ya que también leí muchos artículos escritos sobre él.
Para rematar este artículo me voy a permitir un pequeño comentario sobre uno de los artículos, el segundo concretamente, que se titula VERDAD Y VIDA en el que filosofea ‘sobre la verdad en la vida’ y ‘la vida en la verdad’.
Sobre la verdad en la vida dice que no vale con no mentir sino que hay que decir la verdad, es decir, que el callarse cuando podemos decir algo que sepamos en una manera de mentir, lo mismo que no vale con no matar o robar sino que también debemos impedirlo si está en nuestras manos. Y esa verdad debe estar viva de manera que luchemos por conseguirla allá donde esté. Es muy cómodo seguir pensamientos y doctrinas a ciegas sin pararnos a pensar si realmente son ciertas o no.
Este pensamiento le llevó a luchar contra el fanatismo político, social, religioso que tanto daño hacían y hacen ya que convierten una verdad a medias o callada en la peor de las mentiras y ese seguimiento a ciegas de las doctrinas en una manera de abuso en nombre de dogmas nada contrastados. Este pensamiento llevado a la práctica total fue la causa de que un fanático metido a político le mandase exiliado a Fuerteventura.
¡Para ejemplo vale un botón!
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