Otoño tiene buena literatura poética, sobre todo comparada con el verano, pero sin embargo a nivel de pueblo, en rango prosaico, me temo que es más bien todo lo contrario. Y es normal, es muy fácil de comprender. Acaba de terminarse el agostado verano que no será poético pero es la etapa que usamos preferentemente para descansar, para reponer fuerzas, para divertirnos. Fiestas, tiempo libre, viajes, amigos, relax… son términos unidos estrechamente con el verano. Y no será poético, repito, pero de la poesía no se vive, me temo que ni los mismos poetas, cuanto menos los demás.
Además con el otoño llega la vuelta al trabajo, al cole, a la prosaica rutina, a los días más cortos y frescos. Todo está en su contra. Hay que pararse a pensar, a escudriñar y reflexionar, para darnos cuenta que aunque no lo parezca es quizá la estación más bonita y entrañable. Ya se que la primavera se lleva esa fama pero me atrevo a decir que no es del todo incuestionable.
Con la primavera la vida empieza a resurgir en las plantas que brotan alegres dando al paisaje esos tones verdosos tan pintorescos, si, es cierto, y todo es muy bonito. Pero ¿de donde les llega todo eso? ¿Qué sería la primavera sin el otoño?
Es ahora, en otoño recién estrenado, cuando la naturaleza hace el milagro de la trasformación consiguiendo que esas plantas primero mueran para que después puedan nacer. Y es en esa transformación donde se encuentra la belleza otoñal con una gama de colores imposible de igualar haciendo de su muerte un tapiz primero y una alfombra después. Lo que antes era verde se convierte en un paisaje multicolor que va del marrón al rojo pasando por una gama de colores que solo la paleta de algunos pintores es capaz de igualar.
También en otoño es cuando los frutos caen para enterrarse entre la hojarasca creada por la misma naturaleza y volver a recrear el prodigio de la vida. No, la primavera no sería nada sin el otoño prodigioso que convierte los desechos del verano en nueva simiente para que la vida siga.
Aún es pronto para todo lo que he dicho sea realidad. Esta mañana he paseado por el monte y el verdor predomina todavía sobre el resto de colores. Pero no tardará en llegar. Por cierto, para mi es la mejor época para andar entre la naturaleza. Hoy ha hecho calor pero normalmente se disfruta de un agradable frescor por la mañana para pasar a una temperatura muy suave el resto del día.
Para terminar permitidme dejaros este hermoso poema de mi amigo Ramón Merino que, al igual que yo, se ha dejado llevar por eso halo que nos trae esta época del año. Me he permitido acompañarla con una foto de un árbol, el acebo, que para mi gusto es uno de los más bonitos. Y es en esta época cuando coge esos tonos tan característicos, un verde intenso y rojo más aún si cabe. La foto no de hoy, aún es pronto, aún están madurando sus frutos.
Se irán las hojas
a su cita anual con el viento,
lejos de la rama danzarán
en su breve vuelo,
ya pintan los horizontes grises,
las playas en soledad,
un mar de aguas tristes,
y mientras se va llenando
de nostalgias el suelo,
un entrañable escalofrío
recorrerá nuestros cuerpos.
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