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Hace un tiempo, no demasiado, me llamó la atención y creo hasta llegó a emocionarme el relato, más bien exposición, que un invidente hacía de las muchas cosas que los demás hacemos como algo totalmente natural pero que a ellos les crea  importantes contratiempos e incluso problemas.

Creo recordar que ponía como ejemplo el hecho común que solemos hacer de colocar las maletas o bolsos en el suelo, en la mitad de cualquier sitio, sin pensar siquiera donde lo dejamos. Preocupados, esto lo digo yo, solamente en que no venga algún rápido a cambiarlos de sitio y de dueño incluso. Y es que para un invidente es un auténtico peligro si ese bolso o maleta está cerca de, por ejemplo, el andén de una estación de tren. Tropieza y solo el susto puede ser mayúsculo, no digamos si hay caída a las vías. Esto no es más que un ejemplo, pero creo que significativo.

No parecía una persona preparada para grandes declaraciones o entrevistas transcendentes, más bien lo contrario. Pero no hace falta ser un genio para decir lo que dijo y mucho menos entenderlo, no. Es sencillamente que todos, de alguna manera, deberíamos con cierta asiduidad ponernos en el lugar de estas personas para entenderlas en su debido grado. Y nada mejor para ello que, por ejemplo, cerrar los ojos durante un rato e intentar hacer algo que viendo es sumamente fácil pero sin vista se convierte en todo un problema.  

Lo mismo que este ejemplo relacionado con la vista puede servir para todas las discapacidades que existen, que son muchas pero tampoco tantas. Pero solo voy poner un ejemplo que podemos ver, sobre todo, cada vez que montamos en algún medio de transporte público, léase autobús, tren, metro etc. Por ley, creo, todos estos medios de transporte tienen un determinado número de asientos reservados a los discapacitados,  bien señalados y diferenciados. Y todos, en teoría, estamos dispuestos a respetarlos, pero casi siempre están ocupados por personas que nada tienen de discapacidad. Tienen una gran disculpa, “si viene alguien me quito y ya está”, cosa que no siempre ocurre, ya que casi nunca los ven, que casualidad, y si alguien reclama ese derecho se enfrenta a, en el mejor de los casos, pasar vergüenza ajena. Es decir, que tienes que ponerte colorado para pedir algo que es tuyo. Vamos, como cuando prestas dinero a un amigo, que tienes que pasar vergüenza para pedírselo y además pierdes el amigo y a veces también el dinero. En este caso el asiento.

Yo no conozco la ley que rige este derecho, pero quiero entender que esos asientos deben estar siempre disponibles, libres, para el uso de los necesitados, para aquellos a los que están destinados. Y si no es así, que lo cambien, que carajo…

Me viene a la mente la regularización que se hace, al menos donde yo vivo, de los aparcamientos de coches reservados a esas personas. Están siempre disponibles u ocupados por coches con su debido permiso. Y no es que seamos más sensibles con el coche que con nuestro trasero, ni mucho menos, solo que son el objeto principal de seguimiento por parte de los policías municipales. En una ocasión comentaba este tema con un policía municipal, creo que sargento, objetando por mi parte que es una pena que buscando aparcamiento veamos varios vacíos y tengamos que pasar de largo. Fue tajante en su respuesta, me vino a decir: “una persona necesitada debe tener un lugar libre para aparcar lo más cerca posible, y si no es así para qué los hacemos?. Si lo dejamos al albedrio de otros conductores no habría nunca ninguno disponible” Elemental querido Watson. Habrá que pensar en poner policías en los trasportes comunitarios, o buena educación que sería más civilizado y barato.

A los laringectomizados nos pasa cada vez que entramos en lugares públicos llenos de música a tope, gritos más que voces, televisión que nadie mira ni menos escucha, etc. etc. Aunque creo que no existe una discapacidad específica para nosotros ni mucho menos normas al respecto. Eso sí, podemos tomar nota de los lugares silenciosos para frecuentarlos más a menudo e inducir a los  amigos a que nos acompañen. Sobre todo si son restaurantes, ¡como se agradece cuando se puede hablar tranquilos durante la comida o el café!

Resumiendo, creo que es de elemental raciocinio y educación pensar en los que necesitan medios excepciones para poder desenvolverse con cierta normalidad y no esperar a que nos los pidan, no, debemos ser nosotros quienes se lo facilitemos solo con verlos o, en su caso, con dejar libre los lugares y espacios reservados. Y una de las maneras de conseguirlo es PONIENDONOS EN SU LUGAR, aunque solo sea de cuando en cuanto. 

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Tag(s) : #Sociedad
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