Siempre he considerado que una de las virtudes más importantes de la persona humana radica en el aforismo grieto “conócete a si mismo”. Parece sencillo pero en la falta de ese conocimiento radican muchos de los fracasos y, sobre todo, infelicidades que padecemos a lo largo de nuestra vida. Una persona que no se conoce bien puede intentar subir demasiado con caídas continuas o quedarse a medio camino sin llegar a dar todo lo te tiene dentro de si mismo. Lo que conlleva insatisfacción, ansiedad, desengaño, etc. etc.
No es mi intención hacer un artículo ‘filosófico’ sobre este tema, aunque daría para uno largo y significativo. Solo intento llevar este tema a la práctica nuestra, la de los laringectomizados. Sabido y muy comentado es que cada cuerpo es distinto y cada reacción a cualquier problema y más concretamente a la laringectomía también lo es. A todos nos extirpan la laringe pero no a todos del mismo modo ni a todos nos quedan las mismas secuelas.
Lo mismo que pasa con las consecuencias más corrientes ocurre con el habla. En principio todos tenemos la capacidad de recobrar el habla con voz esofágica pero a la hora de la verdad no todos pueden y, sobre todo, no todos pueden hacerlo del mismo modo.
Hay dos diferencias fundamentales que, se puede decir, nos diferencia a unos de otros. Se trata de la rapidez y de la perfección. O dicho de otro modo, de lo que tardemos en empezar a hablar y de lo mejor o peor que consigamos hacerlo. Hace tiempo escribí un artículo que titulé “Experiencias aprendiendo a hablar” en el que contaba detalles curiosos, la mayoría de personas que aprendieron conmigo en la asociación. Y es que hay todo un mundo al respecto. Pero en este artículo solo quiero hablar de lo que se tarda en aprender y de la calidad de voz que se consigue.
Hay varios problemas con el que enfrentarse. La edad es quizá la más importante. Y también la facultad que cada uno tiene para adaptarse a las distintas circunstancias. Cada uno reaccionamos de manera muy distinta. Y cada uno llegamos a metas muy distintas. Hay personas que tienen una gran habilidad y desde los primeros días consiguen emitir sonidos y a las pocas semanas ya hablan mientras otros tardan semanas y meses en conseguir lo mismo. Los hay que consiguen con facilidad una voz potente y melódica mientras otros no lo consiguen nunca. A veces es cuestión de mucha práctica pero otras por mucho que se trabaje no se llega ni a la mitad. Se me ocurre un ejemplo, un futbolista no llega a primera división, y menos aún a ser un número uno, solo por las horas que esté dándole al balón sino por la habilidad que tenga. Y esa habilidad o se nace con ella o no se tiene. Por otra parte solo con habilidad no se consigue, también hay que trabajarla, lógicamente.
Después de esta larga exposición vuelvo al principio, conocernos a nosotros mismos es elemental para conseguir las mejores metas. Y esas metas no hay que buscarlas en los demás sino en nosotros mismos. Ver lo bien que hablan otros siempre nos servirá para mejorar nuestra voz pero si no llegamos a su perfección que tampoco nos sirva de frustración. Si somos conscientes de que hemos trabajo lo suficiente debemos estar satisfechos por lo conseguido. Por otra parte debemos ser conscientes de que siempre podremos aprender más. Pero, repito, sin frustraciones que pueden ser muy perjudiciales.
Otro aspecto que debemos rechazar enérgicamente es la comparación competitiva, es decir, ver como una victoria si lo hacemos mejor que otros o una derrota si lo hacemos peor. O dicho en otros términos, la humildad y generosidad debe ser el principal nexo que nos una en esta gran batalla que la recuperación del habla.
Espero que esta exposición, un tanto complicado, haya quedado suficientemente claro. Sentiría una gran desilusión y tristeza si alguien se siente aludido. Nada más lejos de mi intención.
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