Pedestal en la plaza de su nombre en Bilbao
La figura, la personalidad, la obra de Miguel de Unamuno siempre ha ejercido sobre mí una gran influencia. Creo que he leído todas sus obras o muchos de sus artículos. El próximo días 31 se cumplen 75 años de su muerte. Hasta para eso fue singular. Dicen que murió de pena, si es que de pena se puede uno morir. Yo creo que si, también de pena se puede morir. Pero en el caso de Unamuno más me inclino a decir que además de la pena influyó bastante el asco que llego a sentir a lo largo de su vida, asco por las circunstancias política que le tocó coexistir.
No tuvo muchos amigos pero si enemigos. Siempre fue un inconformista que no se ‘casaba’ con nadie y decía las verdades sin tapujos ni enmascaramientos. Y como se metió en política (y donde no se metió) esas virtudes se convirtieron en sus mayores problemas. Ya en tiempo de la Dictadura de Primo de Rivera fue exiliado en Canarias, Fuerteventura, y cuando le permitieron volver se marchó a Hendaya. Convivir con la dictadura le parecía tanto como darle una carta blanca al dictador. Y a Alfonso XIII.
Cuando se instaló la República se hizo ferviente partidario de la misma pero le duró muy poco. Y es que Unamuno era, ante todo, una persona de pensamiento justo y honrado por lo que no podía soportar las injusticias y desmanes que pronto empezaron a florecer.
Al estallar el levantamiento de Franco creyó ver en el mismo un principio para solucionar los desmanes republicanos y lo apoyó de modo claro y entusiasta. Poco le duró la alegría al ver cómo encarcelaban y asesinabas a compañeros y colegas de la Universidad e intelectuales.
Es conocido el episodio, el último público que provocó, cuando celebraban el inició de los cursos académicos en la Universidad de Salamanca de la que era Rector con la presencia de militares. Entre los que estaba nada menos que Millán-Astray. Unamuno aprovechó las circunstancia para arremeter contra los desmanes que se estaban cometiendo por parte de las fuerzas dominantes. Es famosa la frase: “Venceréis perno no convenceréis” con que termino su alusión. Dicen que Millán-Astray estuvo a punto de sacar la pistola. A partir de ese momento fue arrestado y confinado en su casa.
Esto ocurrió el 12 de Octubre de 1936, “Día de la Raza”. Unamuno tenía 72 años. No volvió a salir de casa. Encerrado, desconsolado, harto y desolado por tanta barbarie que le cotó vivir, muy probablemente perdió toda esperanza de ver a su patria en paz consigo misma.
“La barbarie es unánime. Es el régimen de terror por las dos partes. España está asustada de sí misma, horrorizada. Ha brotado la lepra católica y anticatólica. Aúllan y piden sangre los ‘hunos y los hotros’. Y aquí está mi pobre España, se está desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo... “,
Escribió a una amigo pocos días antes de su muerte.
Hasta el último momento intentaron aprovecharse de su persona para incluirla entre uno y otro bando.
Murió pero no nos dejó.
Una de sus angustias vitales a lo largo de su vida fue el problema de la existencia después de la muerte. Unamuno pasó de ser un ferviente católico, como buen vasco que era, al agnosticismo militante que desarrolló a lo largo de muchos de sus escritos. Eso le privó de la creencia y esperanza y una vida posterior a la muerte. Pero no dejó de hacer todo lo posible para que con su muerte no se marchara toda su existencia. Y lo consiguió con creces. Tuvo 9 hijos y un sin fin de escritos. Tanto en unos como en otros, sobre todo en estos últimos, quedó marcada para siempre su existencia después de la muerte.
Todos los bandos han intentando barrer para su parte los ideales de Unamuno aunque sin conseguirlo. Es muy difícil sacar de sus escritos una ideología clara en cualquiera de sus escritos. Unamuno fue Unamuno y nada más que Unamuno. No creo escuela que pudiese haber seguido su ideología porque era inasumible para nadie que no fuese el mismo.
Han pasado 75 años de su muerte pero su obra sigue ahí, siempre latente y fuente de infinidad de artículos sobre su obra y persona. Y así seguirá por muchos años.
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