Las relaciones de amistad suelen venir acompañadas de agradables coincidencias. Acostumbra decirse, con mucha razón, el que mundo es un pañuelo. Y no muy grande, añado yo.
Viene este comentario al caso de una conversación que hace unos días he tenido con un amigo y vecino durante el verano y que por tercera vez me ha dado ocasión para escribir un artículo. El primero titulé “Amistades de Temporada” y el segundo “Una servilleta, una poesía”. En los dos hacía referencia destacada a su afición por la poesía.
Esta vez no podía ser de otra manera y aquí estoy de nuevo hablando de su poesía. Y ahora por partida doble. Por una parte me comentó que había publicado un libro titulado “RACIMO Y GAVILLA” dedicado a su mujer fallecida hace poco tiempo y que es una recopilación de su obra literaria, poesía sobre todo, e incluye un poema titulado (aquí está la segunda coincidencia) “SI SE ME APAGA LA VOZ…” dedicado a un amigo suyo laringectomizado, ya fallecido, fundador de la Asociación de Laringectomizados de Burgos. Me estoy refiriendo al sacerdote D. Graciliano Urbareja con quien coincidió en un pueblecito burgalés llamado Arroyuelo, este como sacerdote y mi amigo como maestro, los dos ‘novatos’ y jóvenes con mucha ilusión y ganas de hacer el bien.
Con su permiso y el vuestro, copio a continuación la citada poesía escrita en la primavera del año 2000 y que espero os guste. La foto corresponde la la portada del libro.
SI SE APAGA MI VOZ…
Antonio R. Llanito
Si algún día, Señor, mi voz se quiebra y no puedo rezarte con palabras, lo hará mi corazón, cada latido llevará la emoción de la plegaria. Rezará con el viento perfumado, eterna lira que en los bosques canta, el murmullo del río cuando corre espejando belleza entre sus aguas. Con el inmenso mar, en blancas colas que van y vienen a besar la playa, en las torres más altas, con el bronce, la solemne oración de las campanas. Rezaré con los trinos de las aves, en un niño de cándida mirada, en el amor sublime de las madres, con la ilusión en la flor de una muchacha… Toda la creación, puesta en mis labios, será siempre oración dentro del alma, si se apaga mi voz, Señor, un día y no puedo rezarte con palabras.
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