Sobre todo en medicina la incertidumbre es un plato muy difícil de cocinar y peor digerir.
Con cierta frecuencia tenemos molestias, normalmente pequeñas, que no sabemos a qué se deben y que en gran parte de las ocasiones se arreglan solas, tal como llegaron: “Esta mañana me he levantado con un dolor en este hombro…” “Tranquilo, según ha venido se va…” Un modo muy positivo de enfrentarnos a esos pequeños contratiempos de nuestra salud. Si hiciésemos casos de todas esas molestias terminarías enfermos de verdad. Y si, también los hay de esos. “Pues si me duele por algo será…!!!” Claro que si, por algo seguro que es. Unas pastillas de azúcar con nombre que las haga parecer importantes es, seguramente, un buen remedio. Por lo menos mal no nos harán.
Pero hay otras ocasiones en que esos males cuya procedencia y resultados desconocemos si son realmente importantes y hasta radicales para nuestra salud. Y puede ocurrir que nos pasemos semanas y hasta meses sin hacerles caso mientras, en silencio, nos están carcomiendo. Una justa medida nos puede ayudar, pero me temo que, al menos por mi parte, no tengo acceso a esa tabla de salvación que nos diga lo que es realmente malo y lo que solo es pasajero. Conocernos a nosotros mismos puede ser una solución.
Cuando empezó mi calvario hacia la laringectomía, tranquilos que no la voy a contar, un recuerdo ha perdurado por encima de muchos otros. Fue cuando después de meses con pequeños problemas con la voz acudí a mi médico que me dijo: “Cuanto llevas con ese problema?”. “No sé…, meses!”. “Te mando al especialista, tenemos protocolos para estos problemas con la voz que duren más de 15 días que nos indican que hay que tratarlos”
Sabia decisión. Sin pensar ni por lo más remoto en lo que me esperaba pero la decisión siempre me ha parecido muy acertada. No siempre ocurre lo mismo, que ante síntomas bastante claros, enfermos se pasen por diversas consultas sin darles importancia hasta que no hay remedio o este es mucho más doloroso y costoso.
Viene este comentario a cuento de que en pocas fechas, algo más de 4 meses, me han ocurrido dos casos en que el buen criterio de los médicos y, quizá, un poco de suerte han convertido dos problemas importantes en soluciones rápidas y eficaces.
No voy a entrar en detallas. Solo diré que la decisión de una doctora de hacerme unos análisis más extensos de los que normalmente me hacía me llevo a atajar un cáncer que seguramente, de no haber sido así, me habría…. mejor ni pensarlo. Una importante operación, unos días de ingreso y otros pocos de tratamiento han dado la solución.
Y por otra parte, en estas fechas presentes, unos días de fiebre tras una vacuna antigripal, con todas las características de poder curar en casa con reposo y líquidos podría haberse convertido en una infección generalizada de previsiones como poco molesta y costosa de erradicar. En este caso he sido yo el previsor de ir a urgencias hospitalarias por una parte y de los doctores que supieron ver a la primera el posible mal, una infección no peligrosa pero nada parecido a una gripe.
No es fácil la tarea de un médico de saber la importancia de ciertos males no demasiado clarificados. Ante iguales síntomas el diagnostico puede ser diferente dependiendo del médico y de la persona que lo padece. No sé si en medicina general estará la psicología como asignatura obligaría pero si no lo está creo que debería estarlo. No es que vaya a hacer milagros pero sus básicos conocimientos de psicología ayudarán crear esa ciencia no oficial del conocimiento del ser humano qua la vida se encarga de depositar entre nuestras sabiduría naturales. Conocer a las personas es muy importante para poder tratarla debidamente. Y para saber distinguir entre un paciente real y otro con grandes dosis de ficción.
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