Son muchas las veces que desde este blog he comentado el problema que los laringectomizados tenemos a la hora de usar la voz como medio principal de comunicación. Pero hay otros silencios obligados y algunos tan importantes como los ocasionados por la laringectomía. Trataré de detallar y comentar alguno de ellos.
El más conocido es el que nos afecta de modo más directo. Se trata de las personas que nacen sin poder oír y como consecuencia directa tampoco pueden hablar. Con mucho trabajo y tesón lo consiguen superar con grado óptimo y ejemplar.
Otra manera de afectarnos esta en el analfabetismo, una manera cruel y silenciosa de discriminación y pobreza que aún afecta muchas partes del mundo.
En contraposición a esta última podemos poner a la censura que desde tiempos inmemoriales a tratado de callar a las mentes más ilustres en nombre de falsos credos y perversas creencias.
También los invidentes pasan por estas carencias de comunicación, sobre todo los que nacieron viendo y lo perdieron a lo largo de su vida sobre todo si esa vida estaba en edad avanzada.
Son muchas las trabas que los diversos métodos de comunicarnos nos colocan en los caminos a lo largo de nuestras vidas. La mayoría apenas son pequeños tropezones pero en no pocas ocasiones suponen graves e importantes contratiempos.
Hace casi 10 años que empecé con la tarea de escribir es este blog de manera cotidiana, casi asidua. Y antes lo hice en un diario durante algo más de un año. También he dejado mis escritos en otros temas casi siempre relacionados con la laringectomía y los laringectomizados. Pero eso ya lo sabéis la mayoría de los que acostumbráis a pasaros por estas líneas. Por cierto, aprovecho para daros las gracias. También habréis observado que de un tiempo a esta parte la periodicidad de los artículos se hace cada vez de forma más distanciada, con menos asiduidad. Son varias las razones que han contribuido a esas circunstancias: escasez de nuevos temas, obligaciones adyacentes, cierta pereza, etc.
Pero hay una razón que destaca muy por encima de estas. Se trata de un problema en mi brazo y mano derecha (soy diestro) que desde hace más de un año me va dificultado su uso de manera progresiva e importante. No llega a la paralización pero si a la casi inutilidad para poder escribir y algunas otras funciones menores. Es imponderable lo mocho que me cuestan escribir estas líneas.
Es otro tipo de silencio obligado como consecuencia de problemas que la naturaleza se encarga de ponernos trabas para que tratemos de romper. Yo al menos lo intentaré.
En próximas fechas cumpliré el décimo aniversario de mi laringectomía, “otro cumpleaños” que hubiera gustado celebrar o al menos recordar de otra manera. No renuncio a seguir escribiendo pero creo que tardaré una buena temporada.
Un sacudo entrañable
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